Quiero suponer que el transcurso de la vida misma, que supone evolución hacia adelante te permitió esparcirte por el mundo. Que tu zona de confort al norte del sur te agotó y que ahora decidiste abrir tus alas para buscar polen en las primaveras extranjeras. Quiero pensar que volverás.

Quiero creer que tus playas se mantendrán cálidas aun cuando la ausencia te enfría como el pacífico. Que tu corazón y swing caribeño se quedará en ese espacio de tierra donde aprendimos a llamarte por tu nombre, que nos esperará para disfrutarte ahí.

¡Ay país andante! Respiro porque aún cuando el frío del invierno congele mis manos, tu acento me calienta y me regresa… aún cuando estamos lejos. País andante, que te regaste por el mundo, como la taza de café servida en peltre y que por accidente se cayó y se esparció por las grietas del piso, por las grietas del mundo que hoy me sorprenden por sus asfaltados impecables y que intentan demostrarte que si se puede utilizando nuestra propia vitamina sino se malgasta.

Quiero creer que ese espacio de tierra que lleva tu nombre, pero que elevó su alma en las capitales más importantes del mundo, nos espera. Transitorio todo esto, espero. País andante, estoy aprendiendo amarte, a la distancia; y tan cerca gracias a tus huellas en américa. País andante que hoy te esparces por el mundo, que delicia y que dolor me da verte regado en cada continente. Fortuna oportuna de poder disfrutarte desde Suiza hasta Lima, desde China a San José, y aunque extrañe a Caracas, los edificios de Santiago me saludan con cierto parecido a Parque central.

¡Ay país andante! Tu comida y tus atardeceres, lo han emulado las ciudades dónde estamos, donde vives, donde creces; lo disfrutamos y te añoramos en el sitio que Bolívar liberó. País andante, hoy que estás regado por el mundo, que beneficioso es tener un país que se esparció, que derrotó fronteras, que olvidó la brújula para crecer más y volver cuando haya que volver.

Quiero creer que en la maleta caben más que 28 años, que cabe la bandera aunque la tela no esté, que las estrellas de ella ya no están bordadas, sino que brillan y las vemos desde cualquier ciudad. País andante, quiero creer que mi ciudad se vino conmigo en el bolsillo, aunque dejé las huellas para no perderme, su olor y sus colores siempre me harán regresar.

¡Ay país andante! Y si regresar no se da, aprenderemos a visitarte en los lugares dónde te esparciste.

Y después que me leas, escucha esta canción y déjame un comentario en mis redes sociales. @JoaleAristimuno.